jueves, 16 de octubre de 2014

Falsa claustrofobia.

Antes desahogarse era más fácil, como encajar la última pieza de un puzzle y empezar otro nuevo. Vaciarse de ese dolor y de esa angustia era posible. Una conversación con alguien, una buena canción, un fuerte abrazo y un "todo irá bien", llorar como nunca habías llorado. A veces tan sólo un boli y un papel conseguían que alcanzaras esa libertad.

Seamos realistas, ahora escuchas las mismas palabras una y otra vez, palabras que te cansas de ver u oír, de no entender, palabras que olvidas y aparcas. Lágrimas que intentan hacerte sentir bien tras cada caída. Canciones que ya ni suenan, que ya no significan nada. Frases inacabadas que te atormentan y te hacen perder la cabeza. Querer traspasar esa estúpida puerta que ni a golpes se abre. 


Ansiar salir y huir, dejarlo todo atrás.

Aquello no era lógico, era amor.

Aquello no era lógico, era amor.