lunes, 18 de julio de 2011

Él tocaba mis dedos con cuidado, subiendo por el brazo, trazando una línea recta hacia mis hombros. Me acariciaba lentamente la cara, leyendo perfectamente mis facciones. Su mano fría como el hielo se deslizaba poco a poco por mis pómulos.  Formando con sus pulgares el contorno de mis labios, como si tratara de dibujarlos. Bajó suavemente por el cuello, sentía su aliento contra mi piel y su respiración  eran la melodía de aquella habitación.
Sentí como sus labios calidos rozaban los míos. Por una milésima de segundo sentí que me quedaba sin respiración. 

El calor y la suavidad de cada beso leve pero a la vez firme, el juego de sus manos con mi pelo, como si fuera de seda. Me abrazaba de manera que no podía escapar. No quería apenas que me soltará, tan solo quería sentir mi cara contra su pecho y oír el fuerte latido de su corazón.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Aquello no era lógico, era amor.

Aquello no era lógico, era amor.