miércoles, 19 de junio de 2013

Dulce dolor.



Quizá si lo viéramos desde otra perspectiva dolería menos. Si un día pudimos vivir sin ello, ahora lo podremos hacer. Como aquél que perdió un beso, pero ganó mil abrazos. O aquél que perdió un partido, pero ganó experiencia. Para ganar algo, también hay que perder. Para sanar, hay que doler.
No te voy a mentir, dolerá, y quizá no puedas soportarlo. Pero solo tú puedes endulzar el dolor, y mirarlo desde un punto de vista distinto, y quizá alegre.

Creo que aquél que dijo que el tiempo curaba todo, se equivocaba. El tiempo no es más que tiempo, y no deja de pasar. Y tú sigues ahí, y si no haces nada para curarte, jamás lo conseguirás, y no importa el tiempo que pase.
Tienes que ser tu propio tiempo, ganarle la batalla al dolor y pensar de otra manera.

Y si sangra, curará. Y si duele, cicatrizará.

Lluvia de caramelos.


Todo sería tan sencillo como quitarle un caramelo a un niño, o como sacarle la mejor de las sonrisas al devolvérselo. Como espiar cada milímetro de tu piel, y observarlo como si jamás lo pudiera volver a hacer. Temblar solo con rozar su mano, solo con notar que está a tu lado. Rápido, no pienses, solo actúa.
Siempre habrá alguien que será tu debilidad, y que te  llevará a la deriva, a la dulce e irresistible locura. Entonces pensarás que todo es debido al tiempo, y que volverás a sentir. Volverás a notar ese pequeño cosquilleo por todo tu cuerpo, y esos nervios, y ese yo que sé que jamás entenderás. Ese no saber que decir, y ese decir todo a la vez. Ese morirte de ganas.
Somos lo que sentimos, lo que pensamos, lo que soñamos, somos todo aquello que imaginamos. Soy una niña, y tú… tú eres mi caramelo, la mejor de mis sonrisas.





domingo, 9 de junio de 2013

Vuelve.


Es increíble los límites de la estupidez humana. Esa persona consciente de todo lo que debe de hacer, de las consecuencias que puede traer no hacer eso. ¿Qué a que me refiero? A esa persona encaminada hacia una pared. Una pared enorme y dura, la realidad. Parece que cada vez corre más y más rápido hacía ella. Es ridículo.

Duele pensar que chocar es lo que de verdad merece esa persona. Quizá de esa manera aprenda, y consiga cambiar.
El dolor te hace ignorante ante todo, y todo se vuelve nada. En tu cabeza miles y miles de idioteces, en tu boca apenas una palabra. Ya nada quieres decir, ya nada quieres mostrar. Sabes que vas a caer en el abismo, y no haces absolutamente nada para impedirlo.
Solo quieres que pase el tiempo, que te cure y vuelvas a ser lo que fuiste.

Aquella niña sonriente, que jamás se daba por vencida y siempre luchaba aunque la meta pareciera inalcanzable. Aquella guerrera que con voluntad todo conseguía. La echo de menos.
Niña, ojalá vuelvas y esquives esa pared. Y si es demasiado tarde y has chocado, levántate. Solo eso. Vuelve.



Te necesito.

Aquello no era lógico, era amor.

Aquello no era lógico, era amor.